La deuda flotante de la Tesorería cayó de $3,6 billones en junio a $2,2 billones en julio, lo que equivale a una reducción de $1,4 billones. Este descenso coincidió con la vuelta al superávit primario en julio, con un saldo de $2,960,333 millones y una acumulación de 0,9 % del PBI.
La deuda flotante es el indicador que la Tesorería General de la Nación publica cada mes y que muestra la diferencia entre los gastos devengados por la administración central y los desembolsos realmente efectuados. Se trata de los compromisos que el gobierno postergó y que se suman mes a mes. Este número es clave para evaluar la salud de las cuentas públicas.
En junio la deuda flotante se disparó, alcanzando más de $3,6 billones, lo que representó un incremento del 175 % respecto al mes anterior. Desde mayo, cuando se cerró en alrededor de $1,3 billones, el monto creció más de $2,23 billones. Tal aumento se debió en parte a la carga estacional de pagos de aguinaldos y otros rubros.
Ese mismo mes se registró el primer déficit primario en lo que va de 2026, con un saldo rojo de $696.843 millones. Fue el primer junio con déficit en la gestión de Javier Milei. La cifra marcó un punto de inflexión en la dinámica fiscal del año.
En julio la situación se volvió favorable: la deuda flotante descendió a $2,2 billones, reduciéndose en $1,4 billones con respecto a junio. El gobierno también logró un superávit primario de $2.960.333 millones. El saldo acumulado de los primeros siete meses alcanzó el 0,9 % del PBI.
La reducción de la deuda flotante y el retorno al superávit primario indican un alivio en la presión fiscal que se había intensificado en junio. Este cambio parcial sugiere que el gobierno está logrando controlar la acumulación de compromisos pendientes. La evolución positiva de julio ofrece una base para mantener la estabilidad de las cuentas públicas en los próximos meses.